5 oct. 2014

La perraniña, crónica de una metamorfosis. Frederick A. Peterson




"No, no me engendraron mis padres con este perfil doble, mitad niña, mitad perra. Cualquiera debería suponerlo y yo no tendría que haberlo precisado. Lo he hecho por lo complejo del acontecimiento, para dejar claro desde el principio que ellos eran normales y que se guardaban una extraordinaria fidelidad mutua. Por otra parte, no les gustaba lo suficiente la especie canina como para haber acogido en alguna ocasión un animal en casa. Aquello fue algo accidental, sin que quedara huella ni memoria. Un instante inexplicable, repitieron desde el primer momento padres, abuelos y psicólogos. No tendría yo tres años cuando cierto amanecer mis padres se precipitaron alarmados en mi cuarto. No, no lloraba, simplemente emitía unos sonidos semejantes a los ladridos de un cachorro. Lastimeros, eso sí, y muy agudos, entremezclados con las palabras papá, mamá y osito, que iba aprendiendo hasta la fecha. Pobres Amy y John, aún recuerdo su cara de susto. ¿O era de admiración y perplejidad más bien? Diréis: cómo vas a acordarte de aquello con solo tres años. No sé cómo es posible, pero lo recuerdo al dedillo. Su estremecimiento nervioso, sus zarandeos, su gritos. No dejaban de decir: pero qué te pasa, Nelly, qué tienes. Y mi madre: ha debido ser algo que cenó ayer y no le ha sentado bien. Yo permanecía sentada en la cuna, intercambiando mis primeras palabras con aquella suerte de ladridos débiles pero contundentes. Ellos continuaban con sus aspavientos, sin saber qué hacer, si llamar al médico o al abuelo que, por azar del destino, resultó haber sido fonólogo. Aquel preciso episodio de un despertar que perturbó a toda la casa es la primera evocación sobre mi metamorfosis. Mucho antes de que una parte de mi cuerpo cambiara ya se había alterado mi voz. No para anular la biológica, pues desde entonces mis dos sistemas de lenguaje, digamos, se han llevado bien y han jugado de manera muy divertida. Sino más bien como una muestra, que difícilmente pueden explicar las leyes conocidas de la naturaleza, de que en el origen de la palabra de otra raza animal se ocultaba una incipiente manifestación de vínculos no conocidos entre especies sustancialmente tan diferentes. Yo sería, por lo tanto, una especie de médium no solamente entre el hombre y el perro, sino ente el hombre y otros animales".


De este modo comienza la novela La perraniña, del autor samoano Frederick A. Peterson. La traducción ha corrido a cargo de Elvira Puignou. El libro, que se mostrará en las librerías a mediados de mes, está cuidadosamente editado por Metalectures Edicions




6 comentarios:

  1. Me gusta una historia en la que la humanidad se mezcla con otra especie, tan querida como la perruna, para ampliar el mundo sensitivo y mental. Bueno, a lo mejor la leo.

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    1. Aunque de por sí la mezcla entre variedades humanas ya resulta peculiar y curiosa. Siempre hemos utilizado a los animales para proyectar en ellos lo que no son sino conductas propias del planeta homínido.

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  2. así como el amo se parece al perro, viceversa ¿porqué no la metamorfosis, entonces?
    saludos

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    1. En el fondo no sé si al hombre no le da más horror parecerse a ciertos otros tipos de hombres...Saludo.

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  3. Si lo hubieras escrito tú (hijo de Kafka:-) te hubiera dicho que mejor en perro que como tú en escarabajo ...sea como sea, voto por la pacífica convivencia de las especies, la promiscuidad llevada a estos extremos asusta un poco.

    Gracias por la reseña, un placer.

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    1. Pero si el escarabajo es un animalito precioso y no tan caro como un perro...Votemos por esa pacífica convivencia que propones, aunque me preocupa más la dificultad de convivencia interespecial, digamos, en la casa humana, vamos. Gracias a ti, María.

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