24 oct. 2014

Crónicas del viajero Seymour McMillan





"Cuando llegamos a la isla que llaman los nativos Del tiempo parado encontramos que la orfandad de las mujeres era prácticamente total. Los pocos hombres que permanecían en ella eran octogenarios ciegos o paralizados por las altas concentraciones de extraños gases que emergían desde las profundidades de los acantilados. Las mujeres no se explicaban por qué razón aquella sustancia latente de la naturaleza apenas las afectaba a ellas, mientras por otra parte había diezmado la población varonil. El miasma inexplicable no era la única causa de la soledad feminal. Cierta enfermedad contraída por sus esposos y bastantes de sus hijos en la peligrosa incursión sobre un archipiélago lejano compartía responsabilidades en la angustiosa eliminación de los hombres. Al principio, según nos contaron las mujeres más veteranas de algunas aldeas, el drama fue importante. Pero pronto cambiaron sus actividades, haciéndose cargo de las artes de la pesca o de los trabajos de herrería o del cultivo del mijo. No fue problema desdoblar sus roles, pues la fortaleza física de las mujeres y su entidad temperamental las tornaba capaces no solo de sobrevivir a las circunstancias adversas, sino de poderlo hacer en condiciones más gustosas y libres que cuando tenían que dividir sus trabajos. Tampoco fue problema, no obstante ciertos prejuicios heredados, cuando para evitar verse limitados en su regeneración o para evitar desplazamientos en masa de la isla tuvieron que recurrir a prácticas endogámicas. Apenas hubo mujeres que rechazaran el nuevo planteamiento y las más ancianas recordaron que algo semejante había tenido lugar en el pasado sin mayores consecuencias. Fue aquella tesitura extraordinaria la que me permitió conocer a la hermosa Hiroko Noa, experta en las técnicas de navegación y especialmente en la pesca de bajura. Hiroko no hacía mucho que había abandonado su adolescencia y las terribles circunstancias padecidas la habían obligado a madurar con rapidez y contundencia. Nadie diría que para ella lo más importante fuera prestar atención a un desconocido extranjero. Todas sus actitudes mostraban más bien despreocupación, cuando no desdén, por seducir o sentirse cautivada. Su humildad era obvia; su prudencia, extrema; su discreción, un ejemplo. Tengo que reconocer que desde el primer momento la imagen de la joven Noa hizo flojear mi resistencia. La sensatez que mostramos mis compañeros y yo nos permitieron conocer aquella sociedad diferente, cerrada, en apariencia silenciosa. Sin embargo, nada hubiera quebrado si yo no me hubiera puesto en la cabeza aquel hachimaki morado con signos geométricos que simulaban olas agitadas y que me había encontrado entre las rocas". 

  


Este párrafo corresponde al clásico Crónicas del viajero Seymour McMillan, obra capital del célebre etnólogo canadiense, que ha sido reeditado por Libros de la Odisea. La editorial recupera de este modo la vieja tradición del libro ilustrado con fotografías de época. Será presentado el próximo 3 de Noviembre en el café librería El iglú de papel, calle Procurador Mário W. Domingues 1.275, sótano.





12 comentarios:

  1. Normalmente, y si no estoy equivocada, son las mujeres (en las tribus, clanes, o como se diga, comunidades, y me dejo llevar por la imagen) las encargadas de la mayoría de las tareas, del hogar y de afuera. No voy a ponerme ahora a enumerarlas, así que no resulta nada extraño que las sigan realizando, y con más gusto y libertad, eso sí lo dice el autor. Entiendo la situación de incesto, la que dice que hay, pero no sé si es posible, más que nada por los gases y la cierta enfermedad que se trajeron del archipiélago. O fueron los octogenarios, mismamente, sí. Comprendo la actitud de la bella Hiroko Noa, pero como no sé si este párrafo que hoy nos traes corresponde al final de la obra o hay un más luego, no puedo decir ni augurar nada , ni qué significa el hachimaki morado (me suena a cachivache, todo hay que decirlo), ni los signos de sus olas. Yo que él no me lo hubiera puesto, pero claro, donde vayas haz lo que vieres.
    Gracias, fue agradable y me gustó, sienta bien leer a estas horas, y pensar.
    Salud.

    m.

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    1. Hay veces que deberíamos ponernos todos un hachimaki rodeando el cráneo no solo para clamar banzai frente a las adversidades cotidianas sino como manera de sujetar las circunvoluciones cerebrales, siquiera simbólicamente.

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  2. Del tiempo parado, del tiempo parado, ummm
    Gracias por el retazo del libro, está bien que se reediten estas obras, y mejor si son ilustradas, así nos hacemos mejor a la idea, al viaje y su época.
    Un abrazo, Gregorio

    m.

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    1. Las islas minúsculas son tan acogedoras como inmóviles.

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  3. Un trozo que sirve para querer paladear el resto. Las cuestiones que plantea el primer comentario anónimo, más que descartar la eventual lectura del libro, creo que la incentivan.
    Un abrazo.

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    1. Es que hay párrafos que parecen sintetizar todo el relato...

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    2. Paso a invitarte formalmente
      http://neogeminis.blogspot.com.ar/2014/11/tarjeta-navidena-2014.html

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  4. Hay una larga tradición de científicos sociales, sobre todo antropólogos,que escriben, escribieron con muy buena mano, de palabra precisa que añade elegancia al texto.

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    1. Viajeros, aventureros, tipos de fugas hacia adelante...algunos se hicieron indagadores, otros aportaron más aventura a la acción...

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  5. Estic rellegint "Viaje hacia el Polo Sur y alrededor del mundo", de James Cook i "Diario de un naturalista alrededor del mundo", de Darwin, que havia llegit quan era adolescent. Edició original de Calpe 1922, en tela verd fosc. Són deliciosos els dibuixos dels natius i reiets d'aquelles terres, i els paisatges que aportaven els dibuixants de les expedicions.

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    1. Por todos los geniecillos gélidos de la Antártida: qué suerte la tuya, qué envidia la mía. Leer tales textos en una versión casi secular. Si te digo la verdad casi aprecio más ese tipo de libros por los santos (así llamábamos a las imágenes que acompañaban, cuando yo era niño) que por el texto. Las traducciones han evolucionado mucho, afortunadamente. No te des contra los escollos al atravesar el laberinto intrincado del Cabo de Hornos (si vas por esa ruta)

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