21 mar. 2015

La partisana del amor. Olena Ludvika





Irina Kolsomolskaia es una joven con fe ciega en la revolución. Hasta ahí nada especial. Abundaban las jóvenes con ilusión y fe en que el mundo iba a cambiar de base y echaban su arrojo para lograrlo, aunque muchas perecieran en el intento. Carne de hospicio desde el primer vagido, Irina debe su supervivencia, primero, y una vida más o menos digna, después, al gobierno que dice procurar el bienestar de sus ciudadanos. Con tal antecedente, el futuro de Irina es el futuro de su patria. Hasta tal punto que los que rigen los destinos de la gran nación lo dan todo por sus jóvenes...pero no a cambio de nada. El trabajo intenso en una fábrica de componentes eléctricos de Darna, la preparación paralela en la instrucción y manejo defensivo de las armas, y la llamada a filas cuando la bestia parda acecha son etapas del ciclo vital de la joven Kolsomolskaia. Para ella, el uniforme siempre ha sido una segunda piel. El uniforme pulcro de la escuela, el vestido alegre de camarada, el mono digno de obrera, el caqui de la defensora, son pieles mutantes tras las cuales le costaba a veces reconocerse en su piel primitiva. Aunque sumisa y colaboradora disciplinada de cuanto ordenen sus superiores, Irina tiene su crisis de fe revolucionaria. No es una crisis de ideas, ni abandona sus actitudes de entrega, ni reniega del gran líder ni de ninguno de sus jefes. Es una crisis personal, íntima. No acaba de reconocer su cuerpo, oculto permanentemente por un uniforme u otro. Y cuantos muchachos han accedido a él no lo han admirado con justicia, no obstante su belleza recóndita. Pero la crisis estalla precisamente cuando su país está teniendo más dificultades para salvarse de la zarpa boche. De un lado, ella no puede hacer dejación de las armas. De otro, la necesidad de conocerse más a fondo destaca en ella una ansiedad que la hace abrir un segundo frente, el de la sexualidad abierta e incluso promiscua donde pueda hallar también su propia liberación.

Sobre esta trama la recientemente fallecida escritora moscovita Olena Ludvika estructura el desarrollo de su novela La partisana del amor pletórico de anécdotas, experimentos, recursos a la historia y ejercicios arriesgados que seguramente se queden cortos, pues las penurias y dificultades de un conflicto bélico desbordan las imaginaciones y fantasías de cualquier narrador, por mucho oficio que crea tener. 

La partisana del amor está editada por Narraciones del Volga, con una traducción exquisita de Joseba Martín Kustov.




(Imagen de Zorz Skrigin)




6 comentarios:

  1. La trama parece tener los ingredientes necesarios para atrapar al lector más exigente.
    Muy buena tu reseña. Invita a la lectura.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Las tramas se tejen y destejen a velocidades imparables en la historia. Nada permanece, todo fluye impetuoso. Un abrazo.

      Eliminar
  2. Parece que la autora se introduce en la piel de la partisana pero no cabe duda de que llevas razón en que las situaciones que se daban en esas circunstancias superaban cualquier ficción imaginable.
    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ciertamente. En mis viajes por el Este he conocido casos que calificaríamos aquí de peregrinos. Muchos se han contado cuando la gente ha perdido el miedo, tal vez Olena obtuvo la información de esta manera.

      Eliminar
  3. Habrá que apuntárselo. La verdad es que conozco poca literatura que hable de los partisanos y el papel tan fundamental que jugaron en la Segunda Guerra Mundial y, sobre todo, en los Balcanes. Muy buena reseña, compañero.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues hay literatura y, si no, pues la inventamos, ¿no te parece? Al fin y al cabo las motivaciones de unos y otros resistentes son semejantes en cualquier lugar del mundo. Mira, a mí me gustaría conocer algo de la resistencia vietnamita. Aquello sí que fue desgarrador. ¿Cómo sobrevivirían? Algo se sabe periodísticamente, pero intentaré encontrar alguna narración que merezca la pena.

      Eliminar