25 may. 2013

La caligrafía de los dedos




Estoy ante esta mujer y tengo la sensación de presenciar la preparación de los ejercicios de una malabarista. ¿Preparación? No. Ella ya ha agitado las bolas. Ha pasado a otro oficio. Ya caigo, ha terminado la sesión de sombras chinescas y sus dedos largos, afilados y retorcidos descansan. Descansan en apariencia. Más bien están en plena ebullición de una lengua de signos inmóvil. ¿Quién está a este lado interpretándola? Hago abstracción de un rostro duro, severo, cuya mirada aguda y profunda puede hacer quebrar al observador. Sus manos no son manos. ¡Ya está! Pura caligrafía japonesa. Hay un deje taoísta en la articulación de esas letras que dicen. Habla poco y expresa todo, he traducido no sin cierta dificultad. El poder de la expresión está ahí. Medio, mensaje, caligrafía. Maestra de lenguajes plásticos, Georgia O'Keeffe, sin pestañear ni un instante, acaba de tomar las medidas de mi torturado rostro para convertirlo en la espiral de un caracol o en los estambres y pistilo de una flor. 


16 comentarios:

  1. Encantador y encantadora.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me hace usted sentirme un tañedor de flauta haciendo emerger un áspid o una cobra. Gracias por deambular por acá.

      Eliminar
  2. Para mí se trata de un mensaje ambiguo esperando desconcertar mientras tienta ser descifrado...una cara demasiado masculina para esas manos...o unas manos demasiado femeninas para ese rostro...
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tal vez. Demasiada pose, ¿verdad? Pero se lo sabe. Se sabe poderosa gestual. Un abrazo.

      Eliminar
  3. A mí me gustaría que O´Keeffe me pintara y luego convirtiera el retrato en una de sus famosas flores del paisaje de Nuevo Mexico. Ella lo hubiera hecho como nadie. Una buena comparación la de la caligrafía japonesa.
    Saludos. Borgo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Mira, comparto contigo ser objeto de retrato, pero no naturalista ni de la apariencia de jeta actual. Me dejo en abstracto o en expresionista, que son ámbitos pictóricos donde yo me sentiría muy a gusto. Si diluye uno el primer plano y se abstrae y deja de ver unos dedos, para ver unas posiciones, unos trazos, unas manchas concluye en que hay un mensaje caligráfico.

      Eliminar
  4. Tenga usted cuidado, puede ser que la cobra, sea yo.

    Es un placer.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Una de dos: o el sonido de la flauta hace bailar a la cobra a su aire y la torna apacible o más vale que el flautero se dote de un antídoto.

      Eliminar
  5. Fascinante ese mundo donde hablan las manos y escucha la mirada.
    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bien lo describes, pero mira que yo pienso que la mirada habla ¡y domina! más de lo que parece en su estudiada distancia...Saludos.

      Eliminar
  6. jaja, puede ser ambas cosas...

    ResponderEliminar
  7. Fabulosa, bella transformación a pulso de imagen, una vez probé la caligrafía japonesa, se necesita magia en la muñeca, en los ojos curvos.
    De vuelta por un respiro, baja laboral por cuerdas vocales dañadas, gajes del oficio, no hay mal que por bien no venga, besito mudo y contento.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues a cuidar las cuerdas vocales, que solo hay esas y son imprescindibles. Puesta a cantar, canta si es necesario como la O'Keeffe, articulando los dedos y rasgando el aire.

      Qué bien probar la caligrafía japonesa, una cuenta pendiente que uno tiene.

      Eliminar
  8. Por lo que he leído, los japoneses aprecian mucho más la caligrafía que nosotros. La frase del taoista que pones, me recuerda ligeramenta a una que dijo el cardenal Richelieu: "Para saber gobernar, hay que escuchar mucho, y hablar poco".

    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Creo que en Japón existe aún la caligrafía y se enseña. ¿En España?

      La frase de Richelieu es propia del sabio manipulador que sabe no sé si porque observa o porque manipula. (Es de mi cosecha, no hay por qué hacerme caso)

      Saludos.

      Eliminar