20 may. 2013

El combate de los ciegos, de Alessandro Pitti




"Fuese o no el primer combate a muerte el de los dos hermanos del Génesis, la lucha en sí no hacía peor al malo como tampoco salvaba al bueno. Dice la leyenda del Libro que la causa fue la envidia. Que uno de los dos hermanos no podía soportar la consideración que tenía el padre con el otro hermano. Pero hay otras leyendas que sin tanto éxito derivan en argumentos razonables. Una cuenta que se empezaron a odiar por la posesión de la tierra. Otra que debían dirimir la gobernación de un territorio que empezaba a ser más rico y superior a otros. Otra narración hace hincapié en que optaban al acceso de  una mujer. Fuera la razón que fuera, las leyendas parecen insistir en la lucha por la propiedad, donde ni el cielo ni la tierra ni la expansión ni el otro género estaban libres de la avaricia y la posesión del patriarcado que se avecinaba".

De esta forma sitúa en su prólogo el divulgador e investigador de mitos Alessandro Pitti su obra El combate de los ciegos. Bajo una forma de narración a la antigua usanza, se van aportando diversas tradiciones orales sobre el origen de la violencia en el mundo. Lo que el Génesis presenta como un texto cerrado donde el mal es anterior al primer enfrentamiento entre hermanos, lo cual justificaría todas las desgracias que acarrean a los hombres por su desobediencia al Superior, en otras historias que han permanecido menos conocidas se insiste en el afán innato de la propia naturaleza de la especie que se va auto erigiendo en dominante. En la presunción por su dominio, en los oscuros orígenes del acceso al reparto de los bienes más primarios o simplemente en la reacción ante el azar que la brutalidad de los elementos de la naturaleza desencadenaron, se encuentran varios de los enfoques que corrían por zonas del próximo Oriente o del Creciente Fértil desde los tiempos del Neolítico, pero principalmente arraigados con la consolidación de las primeras sociedades urbanas.

Tema complejo y discutible, Alessandro Pitti sabe de sobra que los elementos de las primeras violencias humanas no pueden aclararse tanto con análisis históricos o antropológicos como en el desarrollo de nuevas disciplinas que estudien las conductas de la naturaleza humana. No obstante, se recrea en la recolección de diferentes versiones y en una parte del libro se centra en lo que supuso la mujer como objeto de disputa. "¿Cómo es posible  -se pregunta el autor-  que siendo considerada como agente fundamental de la fecundidad humana, pasara la mujer a ser tenida por objeto de intercambio, de pugna o simplemente de desplazamiento de otras funciones?" Y él mismo se responde: "Tal vez los hombres necesitaban el enfrentamiento como forma de cortejo. Selección de las especies a través de la eliminación del adversario. La mujer vería con buenos ojos al más fuerte, al que le proporcionara seguridad y garantizase la manutención del clan familiar. Pero esto podría producirse ya antes de las ciudades, en largas épocas del nomadismo y de los cazadores recolectores. Pensemos que en aquellos orígenes la mentalidad humana residía en la supervivencia y el mecanismo biológico dictaba las normas. Los lectores se preguntarán: ¿Y el amor? El amor es un invento tardío, que incluso no está clarificado y la organización social moderna considera secundario".

Particularmente pienso que el profesor Pitti se hace un lío cuando emite opiniones poco fundamentadas, pero por la belleza imaginativa de su desarrollo novelesco se pueden perdonar las confusiones, las faltas de rigor científico y las dudas no resueltas. El libro aparecerá en julio en la editorial El hijo de Caín, y en el mismo se mostrarán fotografías de cuadros que representan la violencia primitiva entre los hombres. Como el cuadro que reproducimos aquí del simbolista alemán Franz von Sturck titulado La lucha.




8 comentarios:

  1. Personalizar estas disputas en un hombre o en una mujer es un error que se puede aceptar desde el punto de vista simbólico propio de la mitología, pero no es un individuo el que en momento determinado genera una situación (o "el mal"), sino un conflicto inesperado, súbitamente sobrevenido que propicia la colisión de distintos grupos humanos. Nunca hay "un" culpable en cuestiones de tanta trascendencia. El tirano encarna la violencia y la debilidad de sus tiranizados súbditos, y esa violencia no desaparece con su muerte, sino que sigue depositada y latente en la tribu, que ha de ser la que asuma y encauce colectivamente dicha violencia hacia su desaparición.

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    1. Todo eso es cierto, pero lo interesante sobre todo es conocer las causas de la violencia intrínseca en la naturaleza humana.

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  2. Interesante tema, Gregorio, así como tu bitácora en general, por lo que he podido observar en una rápida pasada. Con tu permiso, vendré a leer con más tiempo y calma, y te incluyo en mi lista.
    Supongo que la violencia viene de una simple herencia genética: el ser humano la usa -al igual que cualquier animal- porque es un lenguaje básico del cuerpo. Afortunadamente, existe eso que llaman evolución, y hemos conseguido dirimir nuestros problemas con otros lenguajes más civilizados y pacíficos. Aunque me temo que eso es sólo una tenue fachada, tras la que sigue estando la violencia. No hay más que observar las noticias...
    En fin, el caso es que algo hay de evolutivo; por ejemplo, el maravilloso (y muchas veces efectivo) medio de la palabra, que puede llegar a soluciones sin entrar en belicosidades propias de lo primitivo. Al menos, así me gusta creerlo.

    Un saludo.

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    1. Violencia como lenguaje básico, probablemente. Y también es verdad que las sociedades han avanzado mucho en cuanto a las formas de soslayar el ejercicio violento como sistema. Ha desarrollado formas de entendimiento (el Derecho, por ejemplo, la Política, la Cultura, etc.) en amplias facetas de las complejas formas de vida y relación. No obstante, no siempre funcionan, no siempre sirven, no siempre se utilizan.

      El medio llamado palabra es genial, claro, pero también con la palabra se ejerce violencia. Es decir, que la tendencia, acaso genética, en nuestra impronta primaria, no cesa de permanecer latente. Ay del animal que llevamos dentro, con apariencia de domesticidad unas veces y desatado otras.

      Gracias por tu comentario.

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  3. Hola
    Interesante la entrada y el tema al que aludes, dos personajes bíblicos: Caín y Abel.

    Sin entrar en la exégesis bíblica y menos en la interpretación teológica, probablemente el relato sea simplemente una metáfora que demuestra la dinámica de una familia: la relación padres e hijos, la rivalidad entre hermanos y la creencia en un Dios.

    Caín ofreció a Dios una parte de sus cosechas, el fruto de su labranza, mientras que Abel le ofreció la mejor y más grande de sus ovejas, porque era pastor.

    Me parece hay unas cuestiones:
    Caín ofrece una parte…hay mezquindad?
    Abel ofrece la mejor oveja…hay generosidad?
    La acción de Caín es rechazada por Dios… hay favoritismo de parte de Dios?
    Caín se enfada contra Dios y su hermano …no puede eliminar a Dios, pero si a su hermano?
    Decidió acabar con su hermano… era la solución?
    La “actitud” de Dios, objetivamente no está justificada… no hay ecuanimidad en su juicio?
    La problemática podría haber tenido muchas vertientes de soluciones, tal como podría darse hoy:
    Honestidad en los sentimientos que surge de una reflexión interior.
    Las creencias que envuelven las acciones.
    Diálogo abierto y sincero.
    Averiguar dónde está la herida o el daño.
    No desplegar la ira como un escape psicológico.

    Sin hacer estos mínimos pasos, claro es digno de llamarse “el combate de los ciegos”

    Saludos cordiales.

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    1. Genessis, ya veo que no te limitas al mito, sino que lo extrapolas y estableces tus propias conclusiones. Esas preguntas que te haces son interesantes, como si formaran parte de un desarrollo de la narración original. Pero ¿quién puede responderlas? ¿La propia historia de la humanidad y más en concreto aquellos pueblos y culturas donde cundió el mito del Génesis?

      Gracias.

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  4. No sé cómo habrá sido en aquellos inicios, pero en el inicio de nuestras sociedades -ya sea de oriente como occidente- la mujer poca oportunidad tenía de elegir: era un objeto de propiedad, primero del padre y luego del hombre al que se la entregaba. A diferencia de la Naturaleza en que las hembras sí eligen al macho dominante, en nuestra especie humana pareciera que no es -aún hoy así. Miremos cuántos paises aún conservan tradiciones por las que los matrimonios son transacciones comerciales, sin opción para las chicas que -aún niñas- son entregadas casi sin ser consultadas. Ni hablar cuando se transforman en botín de guerra. Desde épocas remotas se ha considerado la violación de la mujer como forma de humillar al pueblo enemigo, o sea, a los varones enemigos, a la raza enemiga.
    Interesante tema que traes a consideración a raiz de tu lectura.
    Un abrazo

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    1. ...Por no hablar de ablaciones y otras deformaciones del cuerpo, ¿verdad? Interesantísima tu aportación. La mujer, ¿solo como botín de guerra? No me negarás que el sistema también la considera botín de paz (habría que matizarlo) Un abrazo.

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