12 may. 2013

La ciudad de la saudade, de Joaquim de Oliveira Queiroz




"(...) El ferrocarril que les había trasladado a través de las alturas de vides, esas espléndidas terrazas que siguen el curso del Douro, se había detenido en diversos pueblos del país profundo y apacible. Él pensó: de venir solo hubiera hecho noche en cada lugar, demorando el viaje porque no tengo meta. Ella no expresó nada, pero con su inquietud manifestaba sus ganas de llegar cuanto antes a una población importante. Aunque no supiera luego para qué tal urgencia. Al final recalaron en la ciudad de la nostalgia ya cuando ni ellos ni la ciudad eran lo que habían sido en el pasado. 

- ¿No crees que los hombres tienen mucho de ciudades?, comentó Albert a su acompañante mientras paseaban en dirección al gran río.

- Supongo que sí, respondió Neus.

- ¿Pero en qué sentido lo crees?, insistió Albert. 

Ella apenas escuchaba. Contemplaba la caída del plano inclinado de aquellas calles empedradas, las aristas de los edificios de envergadura y no obstante abandonados, el tránsito reducido de viandantes que solo pretendían sobrevivir. Pararon ante un puesto de prensa. Albert compró el diario y preguntó al quiosquero por la dirección de cierto museo moderno. El quiosquero le dio razón con suma amabilidad:

-Si quieren andar, es cosa de salir pronto. No tienen necesidad de pasar por las playas pero va en aquel sentido. Si prefieren llegar cuanto antes, tomen la línea 5. Yo siempre que voy lo hago andando. Me gusta respirar el tiempo, que es más sano que el aire.  

- ¿Suele ir con frecuencia a la Fundación?, preguntó intrigado Albert.

- No, no puedo hacerlo siempre que tengo ganas. La prensa, el público, hay que comer, ya sabe. Pero a veces me entra la saudade de pasear bajo aquellas alamedas y pararme en alguno de sus parterres a leer algo que no me hable de este mundo. O que me hable de este mundo sin actualidad. Porque, ¿sabe usted? Todo se viene repitiendo desde antiguamente. Y ni siquiera las caras me dicen mucho. Frescura en los jóvenes, extrañeza en loa adultos, resignación en los viejos. Este país no cambia nunca.  

A Albert le hubiera apetecido en aquel momento decirle al vendedor de diarios que viniera con ellos. Que él necesitaba también inhalar el tiempo y disfrutar de una compañía inteligente, que no estuviera agotada por el compromiso. Entonces Neus, sin haber interpretado los pensamientos de él, dijo:

- Vete tú solo, yo estoy cansada. Comeré algo por mi cuenta y luego pararé en el hotel. 

Él simuló sorpresa, pero agradeció el gesto. El calor del mediodía que se aproximaba se hacía notar. 

- Iré andando, tal como me ha dicho ese hombre. Prefiero disfrutar del paseo y tengo todo el día para ver lo que haya expuesto en el museo. Acaso una vez allí ni siquiera entre y me limite a recorrer la fronda de la que me ha hablado.

Aquella noche, Albert no apareció por el hotel. Neus tampoco lo lamentó. Son tan diferentes nuestros paisajes interiores... pensó ella, no sin cierta melancolía."   


La ciudad de la saudade, de Joaquim de Oliveira Queiroz, verá la luz la próxima semana en Ediciones Cunhas, de Porto.






10 comentarios:

  1. Tríptico de Oporto (I)

    Llueve.
    Las gotas contra los muros
    no diluyen el achaque
    de molduras y azulejos
    y tu barroco decrépito
    persiste bajo el orvallo.

    Venusto Oporto.
    Sobre rúas empinadas
    aún guardas el recuerdo
    de marineros valientes
    y tesoros importados
    que arribaron de ultramar.

    Poniente.
    Se fueron tus navegantes
    por las rutas del océano
    y un silencio dejó el fado
    en la voz de tus mujeres
    y en el gris de tus fachadas.

    La ciudad es bella.
    Aromas de vinho verde
    y lavanda sobre el Duero
    ahora arriba, ahora abajo,
    perfuman el acarreo
    de la memoria hasta el mar.

    Salud
    Francesc Cornadó

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    1. Me lo has hecho recordar. Tan ilustrativos versos, me estaba dando la impresión de descender del tren en la estación de San Bento y luego...caminar.

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  2. Me gustó leer el extracto que nos dejaste. Engancha como para conseguir el libro y dejarse llevar por sus "paisajes interiores".
    Qué bueno eso de "respirar el tiempo"
    =)

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    1. También engancha para hacer viajes pendientes. Desde que vi el film "El valle de Abraham" de Manoel de Oliveira tengo pendiente algunos recorridos.

      ¿No te has dado cuenta que disputamos el tiempo de peor manera que si nos faltara aire?

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  3. Precioso texto y bellas fotos. Pasear, caminar, respirar y disfrutar del paisaje, ¿qué más se puede pedir??
    Saludos, K.

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    1. El espacio es la mar de apacible, sí.

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  4. Hola, veo que tienes un blog muy curioso. Me llama fuertemente la atención, las personalidades tan distintas de los protagonistas. Tan cercanos físicamente, pero espiritualmente lejanos.

    Saludos.

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  5. Respirar el tiempo ... como me gusta esta frase. Respiramos por inercia, rápido y sin reposo, tal vez demasiado rápido.

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    1. Al respirar el tiempo inhalamos más esencias que la común temporalidad, ¿no crees? (Me alegro hayas captado el sentido)

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