16 mar. 2013

El santo oculto, de Pietro della Manieri





Una de las vidas de santos que ocultó el hagiógrafo Jacopo della Voragine fue la del inclasificable Ubaldo de Lizza. De extracción humilde Ubaldo sufrió en la recién iniciada juventud la leva de uno de los señores del principado de Lizza. Combatiente forzoso, no tardó en desertar y alejarse de los territorios de origen. En lugar de dirigirse a alguno de los estados vecinos se embarcó hacia Oriente, instalándose en el imperio selyúcida. Aprendió la lengua del lugar, ejerció de artesano y gracias a su habilidad para las lenguas no tardó en convertirse en un calígrafo reconocido.  

Esta historia oculta ha sido revelada recientemente por el notable archivero Pietro della Manieri quien, a su vez, dice que la pista le fue proporcionada por un mercader de Estambul llamado Mu'izz ad-Din, perteneciente a una familia instalada en el Gran Bazar desde hace siglos. Della Manieri pidió la excedencia en el archivo de su pequeña ciudad de provincias y se instaló durante varios años en la región más occidental de Anatolia. Poco a poco fue hilvanando algunos débiles cabos que le hablaban de un cristiano integrado en la corte del sultanato de Rüm nombrado por unos como Baldo, conocido por otros como Nasir Mahmud, pues si se trata del mismo personaje tendría su lógica ya que adaptaría una nueva personalidad a las circunstancias. A través de su oficio, tan alejado de las armas, llegó a ejercer una gran influencia. La caligrafía le condujo a la poesía y, si bien se conservan pocos textos de los que se pueda garantizar su autoría, la transmisión oral los denomina como el Diwan Mahmud.

Della Manieri afirma que el exiliado Ubaldo de Lizza nunca renunció a su fe cristiana. Pero a través de los textos del poeta neo selyúcida concluye que también adoptó las creencias expresadas en el Al-quran. Por si esta simbiosis atípica en todas las culturas de la época no fuera suficiente, algunos testimonios coetáneos del semiconverso Ubaldo de Lizza indican que también bebió de las interpretaciones más puras del sufismo y que no fue ajeno a ciertas corrientes del lejano Oriente. De ahí que nuestro personaje exaltara en su obra el acompañamiento del vino y la entrega mística. Donde Ubaldo-Nasir fue un rompedor fue en introducir ciertas variantes de una clase de amor que en la India algunos llamaban Tantra. ¿Fue este valor extremo en ir sumando a su acervo de conocimientos y de creencias lo que estableció un sincretismo difícil de asimilar por los más ortodoxos exegetas de la ley del Profeta? ¿Acaso esta decisión de traspasar los límites del pensamiento de su época, rechazando detenerse en las fes al uso, fue lo que le hizo granjearse enemistades y odios hasta terminar en una conjura sangrienta contra su persona?

Hay quien opina que todo fueron excusas para acabar con la vida de un personaje sencillo, aunque nada común, que estaba introduciendo en la corte y, también por reflejo de aquella, en ciertos sectores de la sociedad un nuevo concepto de la práctica amorosa. Ghiyat, denominado el asceta culto, que, aunque perteneciente a una generación posterior a la de Nasir Mahmud, manejó informaciones fidedignas deja entrever en su Diwan del asceta que ve, oye y calla lo siguiente:  

"(...) Sus enemigos no temían los conocimientos del gran hombre. Tampoco su procedencia ni que fuera capaz de mantener tantas creencias a la vez. Pues todos comprendían que sabía asimilarlas y eso le dotaba de una riqueza que repercutía en su actividad creativa. Fue cuando empezó a comentarse, con fundamento o sin él, que algunas concubinas se negaban a condescender en el lecho a la manera tradicional con sus señores, y que diversas familias de la ciudad observaron que sus esposas o hijas no aceptaban el servilismo sexual que las privaba del goce y las sometía por las buenas o por las malas, cuando se difundió el rumor, acaso malintencionado, de que aquellas nuevas costumbres, consideradas rebeldes, venían siendo propiciadas por las ideas y expresiones poéticas del calígrafo y literato por excelencia del sultanato."

No voy a revelar más al respecto, pues los detalles de la investigación que el archivero Della Manieri llevó a cabo aparecen en su libro El santo oculto con toda extensión y lujo. Cautivador texto, grata transportación al pasado y a un episodio poco conocido. Por qué Jacopo della Voragine olvidó o ignoró a propósito el sacrificio del viejo creyente de todas las creencias, sin renegar de la original en la que fue bautizado, es objeto de hipótesis acertadas por parte del autor del libro. La Editorial Encuentros con el Origen ha realizado una atractiva edición, iluminada con imágenes rescatadas de libros medievales.




(Imagen: cuadro de Balbi López Santos)

6 comentarios:

  1. Interesante entrada -me fascinan estas historias de santos poco convencionales- y bravo por la de el Almanaque De Ross. Saludos. Borgo.

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    1. A mí me pasa, que lo no convencional atrae mi interés allá donde vaya o desde donde no me mueva (el mundo no deja de girar, que decía la canción)

      Saludos.

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  2. Si he de creer en algún santo, que sea en Della Manieri, me encanta su manierismo en espiral para buscarse la vida en aquellos tiempos, atrevido viajero, buceando su vida se extraen ganas de vivir y valor y creatividad. !Salve! santo sin altares. Escuchó gozoso el cántico del oriente, el mismo que ahora parece denostado.

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    1. Pues no sé si se trata de creer en los santos. Para mí fueron siempre objeto de curiosidad (cuántos existieron y cuántos no, cuántos quedaron en la reserva y en puertas, cuántos fueron condenados a no ser reconocidos como tales a pesar de sus "méritos" es otro tema, en función del mercado)

      Dichosos los que gozaron a tiempo y a destiempo sin ser admitidos en la lista de los gozosos, ¿verdad?

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    2. OK. El mercado del santoral vaticano no admite a según que santos, amén por su bien y gozo nuestro. Gocemos a tiempo.

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    3. No olvides, Natàlia, que la santidad no es cosa de los santos sino de los que deciden quienes deben ser santos. Gocemos, pues, si bien de bondades más a nuestro alcance.

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