14 mar. 2013

¿Dónde fue a parar la bola de cristal?




Portada mucho más divertida que la del Calendario Zaragozano. Éste sigue en vigor con sus infalibles pronósticos: fríos en invierno y calores en verano. Pero, ¿qué fue del Almanaque de Ross? ¿Barrió el crac del 29 el negocio? Desaparecida aquella parafarmacia de su tiempo (píldoras para adelgazar, pastillas tónicas, píldoras de la vida, etc.) nunca más supimos de un calendario ameno que solo por el oráculo merecía la pena tener. ¿O el oráculo mismo se estrelló contra las olas de la Bolsa de Valores neoyorquina?




Y, sin embargo, qué derroche de fe, qué correspondencia a las indicaciones del Dr. Ross, qué lógica irracional (los términos antitéticos se buscan) que llevó a cientos de ahorradores modestos y no tan modestos a invertir según los del Almanaque. Testimonio del industrial Arthur W. Carlson, fiel seguidor de la cábala rossiana:

"(...) Me sentía feliz con las ganancias proporcionadas por mis negocios de los últimos años. No voy a aclarar cómo logré acumular tanto dinero. Recibía ofertas inversoras desde todos los lados. Un amigo de Wisconsin me sugirió dedicarme a la explotación forestal. Otro de Ohio me dijo que si yo quería me pondría en contacto con gente que estaba haciendo, según él, lucrativos negocios en el vecino Canadá. Un primo lejano que vivía en Maryland se empeñó en que la industria naviera estaba en auge y que iba a ir a más, que era un buen momento para formar parte de un holding. Nunca he sido un emprendedor de riesgo y estaba ya cansado de la misma actividad fabril que había mantenido hasta entonces. Pensaba que era tiempo de descansar y dejar que el capital prosperase en lo más cómodo. Consulté las investigaciones y cálculos del Dr. Ross con arreglo a mis parámetros. Está claro lo suyo, me dijo uno de los intermediarios del Dr. Ross, invierta en la Bolsa de la calle Wall. Creo que fue la mejor solución. Mis empleados, de acuerdo con los brokers, hacen fluir mi dinero mientras disfruto de un retiro anticipado a todo lujo en Centroamérica. Nunca estaré suficientemente agradecido a los sesudos análisis del Dr. Ross"  

La carta, aparecida en The New York Times, lleva fecha de 23 de octubre de 1929. 







4 comentarios:

  1. Que chulos esos anuncios...
    Me encantan

    Por cierto soy Pérfida
    Un saludo coleguita

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    1. Retros pero curiosos, desde luego. Gracias.

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  2. Mentirosos hubo en todas las épocas, pero el Dr. Ross parece que se destacó.
    Un gran abrazo

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    1. Y ahora no te cuento. Rick. Ay de los que creyeran al Dr. Ross. ¿Sabes que algunos de tiraron desde las alturas?

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