8 abr. 2013

El escrutador




Elba no podía evitarlo. No era aquello que muchas veces pensaba: nadie deja de quitarme el ojo, que unas veces le halagaba y otras le resultaba agobiante. Aquella mirada no era humana, tampoco celestial. Ni siquiera parecía una mirada. Una mirada tiene calor o frialdad, pero siempre intención, o bien una tensa caída. Se trataba de un ojo descabalgado de una cartilla escolar, de una pizarra de colegio, de un cartel antiguo de oculista. Su encuadramiento en el triángulo parecía disponer de una calidad simbólica escrutadora, inexpresiva, casi condenatoria. Pero ella no temía el símbolo. Ella temía la mirada que no podía captar. Que no disponía de significado. A la que no podía hacer frente. "Mirada muda, ¿qué pretendes de mí?", inquiría orante a aquel óvalo insaciable. 

Pero el ojo no respondía. Un día le pareció que el ojo destellaba. No fue al dejarse caer desnuda y desgarbada sobre la cama, ni por el mero hecho de exponer la hermosa claridad de su cuerpo a la reposada luz de plenilunio que entraba en la habitación. Fue una noche muy avanzada, al volver con urgencia de verse con su amante en un encuentro fracasado y cruel. Él la dijo que no quería verla más. Ella creyó perder su poder para siempre y se desplomó. Él la dijo: me has dado mucho pero ya no me llegas. Ella le escupió. Él le dijo: seamos civilizados, conservemos el grato recuerdo. Ella le golpeó. Y él: vete, no merece la pena que me mates. Y ella: claro, ya estás bastante muerto sin mí.

Llegó a casa, tiró con un impulso bravío de sus pies los zapatos de tacón, se desgarró de rabia la cremallera del vestido y estiró su cabellera nacarada y flexible, resultado de su tratamiento con los mejores productos del mercado para el cabello. No pudo dormir y lloró. Lloró tanto que le pareció que el ojo se compadecía e insinuaba una ráfaga de vida." Si al menos tú...", musitó la mujer.



(Fotografía de Eric Marváz)

14 comentarios:

  1. Deu ser l'ull de l'emblema dels maçons, que sempre vigila. En el cas que expliques, el reflex es deu a la trobada de les dues mirades, l'una consciència de l'altra.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues dos miradas que se encuentran es algo más tangible que un ojo fijo y sin vida. Y si se trata de la conciencia no te cuento.

      Eliminar
  2. Y después el ojo pintado prisionero del triángulo, soltó una lágrima azul como rimel y acabó borrado.
    Deslumbrante belleza enfadada todo lo puede.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es verdad, no había caído en eso, formidable. Un ojo de divinidad borrado nos conduciría más lejos, hacia una escritura metafísica acaso...Ya, el azote de la belleza.

      Eliminar
  3. Ufff, una situación insufrible!!! No soportaria una mirada así en esos momentos de debilidad.
    Buen relato, doloroso, pero bueno.
    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Quién sabe, igual la convertías en responsable de tus males en ese momento y conjurabas tu daño interior.

      Eliminar
  4. está el corazón delator, la mano negra, y ahora el ojo ciego...
    de la historia me he quedado con la copla de que la tía estaba buena y eso me gusta, : )
    saludos o tres

    ResponderEliminar
  5. Gracias K, es un placer verme en este sitio tan colorido. Abrazo. Marváz.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias a ti por permitirme exponer por aquí tus trabajos esmerados. Son un acierto total.

      Un abrazo.

      Eliminar
  6. muy bien K, tiene un furioso desenlace
    saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Y tanto, mejor no estar de por medio, por muy atractiva que sea la dona.

      Eliminar
  7. No estaría nada mal tener en casa un ojo de esos, que le aguante a una las lágrimas cuando haga falta. Y calladito, sin meter la pata ni decir cosas que no debe…

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pero si es un pastiche de ojo...aún si se tratase del ojo egipcio, con ese ribete que cae, que fascina y nos remite al túnel del tiempo...

      Eliminar