21 mar. 2013

Corín, de Natas Kiriakoulos




Corín es una niña solitaria, alta y desgarbada,  a la que no le gusta nada, pero nada, nada, hacer las patochadas que hacen otros niños. En realidad no es una solitaria por vocación, sino por ir a la contra. Le gusta llevar la contraria a los demás niños, a sus padres, a sus maestros. Y a los perros. No soporta jugar cuando los otros niños juegan, ni atender en la clase cuando los demás atienden, ni comer cuando todos comen en torno a la mesa. Sus padres han consultado el caso y los médicos, muy precavidos, les han dicho que la dejen a su aire. Que algún día se cansará.

Así que la larguirucha Corín vive a contrapelo. Tanto tanto que cuando va a una biblioteca no coge los libros para leerlos sino para hablar con lo que hay dentro de ellos. "Porque dentro habita todo lo que existe", suele decir. Habla con los ríos, con las calles, con los montes, con los animales. "Leer es muy anticuado, y no es que no me guste, pero es que prefiero escuchar cómo suena el agua del río , cómo pronuncian los animales, cómo sopla el viento en los valles". Los niños la han dejado por imposible y como los niños no suelen caracterizarse precisamente por su bondad la tildan de todo: de rara, de ignorante, de rebelde, de loca. Y ella, cuando le sueltan los otros niños alguno de estos adjetivos les responde que sí: que es eso y más, pero que ella oye y habla con los libros. "No sabéis lo que os perdéis", les replica haciéndoles un corte de mangas.

Pero esta manera de ser de Corín va a ocasionarle aventuras que para sí quisiera aquella Alicia la del Espejo. Tantas tantas y tan enrevesadas que el lector del cuento no ve fácil que pueda salir de ellas con buen pie. Corín, de Natas Kiriakoulos, es un relato dirigido a niños y a una corte de maduros, tal como la que integran los insaciables, los hastiados, los indecisos, los disconformes, los renegados y los apocalípticos. Si bien la lista de comulgantes podría ampliarse indefinidamente. El cuento lo edita con esmero Ediciones del cangrejo insólito.    



(Ilustración de Franco Matticchio)





8 comentarios:

  1. Ojito con Corín que tira a fenómeno, !al tiempo!
    Me gustará leer a Corín si la encuentro detrás de un espejo o detrás de un conejo.

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    1. Es verdad, solo por esos sitios podrías toparte con ella, Natàlia..

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  2. porque dentro habita todo lo que existe, ah, niña prodigio ¿eh?
    saludos

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    1. Ce n'est pas un livre, habría que decir parafraseando cierto cuadro de Magritte respecto a una pipa. Saludos.

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  3. Gracias por hacerme descubrir ese libro que me parece muy interesante. Echo de menos cuando me encargaban ilustrar libros infantiles, un sector que aquí está muy parado y sólo editan libros extranjeros con sus correspondientes ilustraciones.
    Saludos. Borgo.

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    1. En cuanto veas una ocasión no dejes de ilustrar un libro llamado infantil. Yo tengo muchísimos (aunque no sean míos), pero si yo fuera rico los tendría todos...todos los ilustrados de cualquier edad.

      Ah, el que cito está agotado (¿o aún es nonato?) La ilustración no tiene que ver con el texto.

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  4. Linda chica ésta!...en algunas características se parece a mis hijas! jejeje
    Un abrazo

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    1. Y sobre todo valiente, aunque a veces a mí me han aparecido legiones romanas y me he tenido que meter bajo un estante. Un abrazo.

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