2 ene. 2013

Aquellas mujeres fatales




En aquellos tiempos, tal mirada era calificada como de mujer fatal. Siempre me intrigó qué era una mujer fatal. ¿Alguien que te conducía a la fatalidad? ¿Qué fatalidad? ¿La del amor, la de la pobreza, la de la destrucción, la de los pecados capitales, la de la muerte? ¿O se trataba solamente de la mujer seductora? No, tenía que ser algo más grave todavía. Nunca lo supe. Las revistas poblaban su huecograbado con bellas abstracciones. Donde no se sabía bien qué había de máscara o qué de autenticidad. 

Lo que hoy fabrica el photoshop lo hacían entonces los dibujantes. Y el anuncio (el de la fotografía está extraído de un número de la revista Lecturas de 1949) era muy preciso: si había que anunciar un producto que resaltase las facciones de los ojos  -toda esa franja que comprende cejas, pestañas, ojos y párpados-  se difuminaba el resto de la cara. Ya lo sé: la fatalidad era la sublimación de una parte en detrimento de otras. Al fin y al cabo, la seducción de los humanos se erige en base a sus propias abstracciones.